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La lonchera es el gran reto de los padres


La lonchera es el gran reto de los padres
Es determinante para la formación de hábitos alimenticios, sean buenos o malos. Una lonchera mal preparada incluso puede fomentar la obesidad.

Lo que se incluye en la lonchera sí importa. Aunque los niños sean pequeños, lo que llevan a la escuela es determinante para que, en un futuro cercano, sean personas saludables.
 
La lonchera acompaña casi todos los días a los niños y por eso construye hábitos alimenticios. Si esos hábitos son buenos o malos es algo que deciden los padres, según lo que incluyan en esa cajita escolar.
 
Mariángel Paolini, directora de Cocina Segura (www.cocinasegura.com) y química en alimentos explica que, al armar una lonchera, los errores pueden ser muchos. Puede cultivar la "obesología", malnutrirlos porque solo busca saciarlos, darles más comida de lo que necesitan o excederse en azúcar o en grasas.
 
"Es por esto que, en ocasiones, el niño aumenta de peso de manera desproporcionada: porque está comiendo a deshoras o más de lo que necesita", explica Paolini.
 
También enfatiza en la importancia de distinguir el objetivo nutricional de la lonchera. "Una cosa es la merienda y otra, el desayuno. Si hablamos que el niño coma una arepa, una empanada o un sándwich pues nos estamos refiriendo a desayuno y no a merienda. Esto lo debe ingerir antes de empezar clases, no en el recreo", alerta.
 
Una lonchera para desayuno debe contener carbohidratos y proteínas. Una buena opción es una arepa asada con algún tipo de carne o queso. Paolini comenta que es un error común preparar una "arepota" y colocarle una rebanadita de proteína o algo untable. Eso llena al niño pero no le aporta la proteína que necesita. 
 
Si por el actual desabastecimiento, en casa no hay harina precocida de maíz, existen otras opciones. Las arepas de tubérculos (ver recuadro "Y ante la escasez...") son buenos sustitutos. 
 
Para funcionar como es debido, el cerebro necesita glucosa. Es por esto que el niño debe desayunar a primeras horas de la mañana. De lo contrario no rinde. "Si no tiene comida, el cerebro no presta atención y el niño se dispersa. A veces hasta se les tacha de hiperactivos y no lo son. Simplemente es que su cerebro tiene hambre", apunta la especialista.
 
La merienda funciona como una recarga de energía a media mañana para que ese cerebro aguante sin problemas hasta el almuerzo. No debería ser una comida completa. Paolini sugiere que sea una fruta, yogurt, galleta o un ponquecito.
 
Sobre las cantinas 
 
El 4 de septiembre, el Gobierno emitió una resolución que prohíbe a las cantinas vender frituras, refrescos, bebidas con cafeína, energizantes y chucherías. Paolini dice que muchas de esas prohibiciones existían desde los 90, sin cumplirse.
 
"De generación en generación, las cantinas han vendido lo mismo: tequeñones, empanadas y pastelitos. Hay que orientar a los regentes para que cumplan con la normativa", opina.
 
Deben disminuir la oferta de frituras sin elevar mucho sus costos. Pueden optar por arepas asadas en vez de fritas, empanadas horneadas o sándwiches hechos en la plancha. Algo novedoso en la resolución es la obligación de ofrecer menús para niños con regímenes especiales. Para cumplirlo, quienes cocinan y dirigen cantinas también requieren orientación. Los padres deben involucrarse en el logro de este objetivo.
 
Fuente: El Universal
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: 16/09/15
Fecha de publicación








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